( Retroceder )

La industria nuclear en el mundo
Informe de situación 2004



por Mycle Schneider, París & Antony Froggatt, Londres,
consultores independientes Bruselas, diciembre de 2004
Encargado por el Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea del Parlamento Europeo

 

Conclusiones     (Descárgate el documento completo en PDF, con todos los apartados)


El 31 de diciembre de 2004, la central nuclear lituana de Ignalina-1 se clausurará para siempre. El cierre no es sólo consecuencia del acuerdo de adhesión entre el Gobierno de Lituania y la Unión Europea (UE), sino también un signo más de una tendencia iniciada hace unos quince años: la energía nuclear avanza hacia su desaparición.


En 1989, funcionaba un total de 172 reactores nucleares en los 25 países que constituyen actualmente la UE. Con el cierre de Ignalina-1, esa cifra caerá a 150 unidades a finales de 2004, es decir, 22 centrales o el 13 % menos que hace quince años. En 1992, el Worldwatch Institute de Washington, WISE-Paris y Greenpeace International publicaron el primer Informe de situación de la industria nuclear en el mundo, en el que se concluía: “La industria de la energía nuclear está siendo expulsada el mercado mundial de la energía (...). Muchas de las centrales restantes en construcción se encuentran en fases cercanas a su culminación, por lo que, en los próximos años, el proceso de expansión nuclear a escala mundial se desacelerará hasta asemejarse a un goteo. Actualmente, parece que el mundo dispondrá en 2000, a lo sumo, de 360 000 megavatios de capacidad nuclear, lo que supone un aumento de sólo el 10 % respecto a la cifra presente.” Como pone de manifiesto un examen actualizado de la situación de la industria nuclear en el mundo, los análisis de 1992 resultaron correctos. En realidad, la capacidad nuclear instalada combinada de las 436 unidades operativas en el mundo en 2000 era inferior a 352 000 MW, frente a la previsión de la Agencia Internacional de la Energía Atómica formulada en el decenio de 1970, que auguraba una cifra de 4 450 000 MW. A finales de octubre de 2004, los 440 reactores en funcionamiento en todo el mundo generan un total de 365 500 MW. Las centrales nucleares suministran un 16 % de la electricidad, el 6 % de la energía primaria comercial, y del 2 al 3 % de la energía final en el planeta. La edad media de las centrales nucleares en funcionamiento asciende a 21 años. Algunas instalaciones prevén vidas útiles de los reactores de 40 o más años. Considerando que la edad media del total de las 107 unidades que se han cerrado ya equivale igualmente a 21 años, la duplicación de la vida útil parece una aspiración bastante optimista.

En cualquier caso, hemos supuesto una vida útil media de 40 años para todos los reactores operativos y para aquéllos actualmente en construcción57 y hemos calculado cuántas centrales se clausurarán cada año. El ejercicio hace posible una evaluación del número de centrales que tendrían que entrar en funcionamiento en los próximos decenios para mantener el mismo número de unidades operativas. Tendrían que planificarse, construirse y ponerse en marcha unos 80 reactores a lo largo de los diez próximos años (uno cada mes y medio), y otras 200 unidades durante el siguiente decenio (una cada 18 días). Incluso si Finlandia y Francia construyeran un EPR, China siguiera adelante con la instalación de 20 nuevas centrales, y Japón, Corea y Europa oriental sumaran alguna que otra unidad, la tendencia global será a la baja. Con plazos de entrega extremadamente prolongados de diez años o más, resulta casi imposible mantener, o incluso elevar, el número de centrales nucleares en funcionamiento en los próximos 20 años, salvo que los plazos de vida útil se eleven como media de manera sustancial por encima de los 40 años. Actualmente no existe fundamento para adoptar tal supuesto. Además, Ignalina-1 se ajusta exactamente a la media mundial: se clausurará a los 21 años de antigüedad. En acusado contraste con los numerosos informes sobre un posible “renacimiento nuclear”, el análisis actual pone de relieve que la era atómica pertenece más al pasado que al presente. Lo que les queda a las generaciones futuras para recordar es el legado de unos residuos radioactivos de larga duración y el peligro siempre presente de la proliferación nuclear.


(Subir)