21 de junio de 2007


EL DIPUTADO DE LOS VERDES PREGUNTA A LA MINISTRA DE CULTURA POR SU APOYO A LAS CORRIDAS DE TOROS

 

El domingo 17 de junio, la Ministra de Cultura ha asistido a un espectáculo público, en Barcelona, en el que se ha maltratado y dado muerte de forma violenta y cruel a varios animales, en una corrida de toros. Contra la celebración de esta corrida y contra la tauromaquia, se han manifestado miles de personas, ese mismo día, y la ciudad de Barcelona, por medio de sus representantes municipales, se ha declarado ciudad antitaurina. La Ministra ha despreciado estas opiniones y ha apoyado, con su presencia y sus declaraciones públicas posteriores, la tortura, maltrato y muerte cruel de estos animales en la corrida.

Habrá que recordar a la Ministra de Cultura de un gobierno socialista que el respeto y el buen trato a los animales es uno de los mejores indicadores del progreso moral y del grado de desarrollo civilizatorio de una sociedad. Nadie puede refugiarse en argumentos estéticos para contravenir la ética, ni en la tradición, para legitimar la violencia y el maltrato. Las corridas de toros consisten, objetivamente, en la tortura y muerte cruel de unos mamíferos superiores, como son los toros, con el simple fin de deleitar los sentidos de un grupo de espectadores insensibles (banales) o sádicos. De manera asombrosa, a principios del siglo XXI y en plena Unión Europa, una ministra de cultura socialista asiste y apoya este tipo de espectáculos.

La posición del Ministerio de Cultura, con respeto a las corridas de toro, es un elemento central en el debate sobre los límites éticos de la creación y la tradición cultural. “Nulla aethica sine aesthetica; nulla aesthetica sine aethica” dice el aforismo latino. Y conviene no olvidarlo, en un momento en el que se pretende, por la vía del relativismo moral ( que al final resulta muy poco relativista, pues sus defensores son sólo estratégicamente relativistas y esencialmente fudamentalistas) y el multiculturalismo (que otorga derecho a los grupos, pero no a los individuos), hacer aceptables tradiciones y prácticas violentas, que dañan derechos por la vía de su naturaleza cultural o tradicional. Si admitimos la violencia de los toros en virtud de su estético o tradición, ¿por qué no admitir otras violencias de otras tradiciones?


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LOS VERDES


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